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Cine, del sonido a la realidad aumentada
Arte
Ainhoa Oiartzun
@Sulorei Ainhoa Oiartzun

Cine, del sonido a la realidad aumentada

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Cine mudo, películas en blanco y negro, efectos especiales, animación en 3D… La evolución del “séptimo arte” es producto de una serie de innovaciones que, aun no siendo siempre las más acertadas, han provocado la creación de auténticas maravillas.

Desde que se pudo ver, y sobre todo escuchar, a Al Jonson en El Cantor de Jazz (1927), pasando por que Disney con Technicolor realizara una de sus Sinfonias tontas: árboles y flores (1932) completamente en color y por la que ganó el primer Oscar al mejor corto de animación de aquel año, hasta llegar a la animación por ordenador y al 3D con Avatar (2009)- aunque la primera experiencia con el 3D, The Power of Love, data de 1922-, el cine no ha parado de innovar, y de superar retos visuales inimaginables en sus orígenes.

Pero como en casi todas las artes, innovar, salirse de lo conocido, intentar arriesgar y no jugar sobre seguro ha supuesto que, en algunos casos, aquellos que apostaban concretamente por eso, por romper con lo establecido, terminasen pagando caro el atrevimiento. Como ejemplo, podemos citar a John Lasseter, el hoy reputado y admirado creador de esa gloria de la animación llamada Toy Story (1995). Desde sus inicios, Lasseter fue un gran defensor de la animación por ordenador, y la defensa de esto fue lo que hizo que terminaran despidiéndole de Disney. Afortunadamente para él (y para todos), este despido le llevó a trabajar para la productora de George Lucas, LucasFilms Ltd, concretamente al departamento de efectos especiales por ordenador desde el que diseñó con esta técnica y por citar un ejemplo, el caballero de cristal de la producción de 1985 El secreto de la pirámide. Allí fue donde conoció a otro visionario como él, Steve Jobs, con el que creó la hoy conocida por todos Pixar con la que además de la ya citada Toy Story, realizó verdaderas maravillas como Bichos (1998), Monstruos S.A. (2001) Buscando a Nemo (2003), Los increíble (2004) o Wall-E (2007), por citar solo algunas.

El uso de técnicas creadas por ordenador es algo a la orden del día en la actualidad, los efectos son cada vez más sofisticados y perfectos y eso lleva, a su vez, a querer seguir innovando tecnológicamente, desde los vídeos 360º a los vídeos interactivos, hasta la realidad aumentada.

La realidad aumentada consiste en mezclar la realidad con la ficción, esta técnica será probablemente la más popular de las hasta ahora mencionadas y la que entenderemos a la perfección si recordamos el reciente boom de la aplicación Pokemon Go, mediante la cual, y con la ayuda del móvil, localizabas pokemons a lo largo y ancho del planeta, independientemente de donde te encontraras.

Pero los cambios y progresos del cine no solo abarcan su producción. La forma en la que el espectador consume cine es algo que también ha ido cambiando con el tiempo. De ver a Buster Keaton en un teatro con una orquesta tocando en directo mientras se visionaban aquellas imágenes mudas, se pasó a ver películas al aire libre en los cines de verano o en los autocines que, más tarde, dieron paso a las salas de cine que a veces, incluso, llegan a tener asientos movibles.

Cada vez surgen más formas distintas de consumir cine y distintos tipos de espectadores que han evolucionado y cada vez han solicitado más novedades a la industria y a sus salas.
Auto cine

En la actualidad, uno de los mayores males para el mundo del cine no es tanto la falta de inventiva a la hora de adaptar el consumo sino el cambio en los hábitos de vida del consumidor.

La gente deja de “ir” tanto al cine y ve las películas de otra forma. Lo cual nos lleva al verdadero virus que sufre el cine en la actualidad: la piratería. ¿Cómo combatir esto? ¿Cómo luchar contra la posibilidad de poder ver la película en el salón de casa, en familia o solo, en el sofá, sin sufrir, ya no colas (porque las entradas se pueden adquirir online), sino al compañero que nos pueda tocar en el cine que no apaga el móvil, a la pareja que se sienta delante y nos tapa la pantalla o a los niños que ha llevado la familia y que no paran de moverse y hacer ruido? No hay forma de competir ante eso, o no la había hasta ahora.

Lo que se presenta como una posible solución a todo esto, al menos de momento, parecen ser las plataformas digitales, plataformas que por una suscripción mensual ofrecen, no una, sino una treintena de películas, series, documentales y animación a consumir cuántas veces se quiera, cómo, cuándo y dónde se desee con el único requisito de disponer de wifi.

Plataformas como Netflix, HBO o Amazon Premium Video han conseguido que la piratería sufra un pequeño revés y han dado cierto oxígeno a la industria. Cierto es que consumir cine así hace que justamente parte de la magia del cine disminuya, y mucho porque, no nos engañemos, no hay nada como ver películas como en una sala de cine, pero hasta que la gente recuerde eso o se lo pueda permitir, la alternativa no es mala. Esperemos que las salas no desaparezcan entre tanto.


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